Carta

Carta abierta a la ONU, G-20 y Gobiernos Nacionales sobre COVID-19 y la Agricultura para la Seguridad Alimentaria y Nutricional

Nos dirigimos a ustedes para hacer un llamado a establecer un conjunto de acciones coordinadas a nivel internacional y relevantes a nivel local para enfrentar los impactos de mediano y largo plazo del COVID-19 en la agricultura, la alimentación y la seguridad nutricional. La actual crisis mundial de la salud ha generado disrupciones en las cadenas de suministro y puesto de manifiesto la necesidad de abordar los retos interrelacionados del hambre, la malnutrición, el cambio climático y la degradación ambiental y ha enfatizado la necesidad de desplegar acciones concertadas, proactivas y colectivas para lograr los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) adoptados por la ONU en 2015.

Estamos de acuerdo con gran parte de lo que está consignado en las declaraciones expuestas por varias entidades internacionales importantes, incluidas el FMI, el Banco Mundial, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Comité de Seguridad Alimentaria Mundial (CSA), la Coalición para la Alimentación y Uso del Suelo (FOLU), la Hoja de Ruta de GCARD publicada por el Foro Mundial para la Investigación Agrícola (GFAR), la Comisión Internacional para el Desarrollo de las Tierras Áridas (IDDC) y el Panel de Malabo-Montpellier (MaMo), entre otras. Las principales instituciones mundiales de investigación, diálogos organizados por el Premio Mundial de la Alimentación y muchos otros están impulsando al mundo en la dirección correcta. Muchos de estos esfuerzos internacionales y regionales relacionados con el análisis de políticas y con ejercer presión coinciden en la necesidad apremiante de fortalecer los Sistemas Internacionales de Investigación Agrícola y Seguridad Alimentaria. Reafirmamos estas sugerencias y nuestro deseo es hacer énfasis en la urgencia de emprender una acción real a nivel mundial sobre el terreno.

Si bien la pandemia del COVID-19 es una crisis de salud pública importante, los sistemas alimentarios en todo el mundo están también experimentando una gran presión. Los consumidores están pagando precios más altos, las cadenas de suministro han sufrido disrupciones, los niños están privados de los programas escolares de alimentación y las familias que dependen de ayuda alimentaria están pasando dificultades. Los agricultores han perdido sus mercados y les preocupa cosechar su cultivo actual y sembrar para la próxima temporada. Algunos gobiernos han respondido a la crisis prohibiendo las exportaciones y restringiendo las importaciones, lo cual puede exacerbar las fluctuaciones en los precios y las tensiones comerciales que de por sí ya eran altas antes de la aparición del COVID-19. Los gobiernos deben mantener abiertos los flujos comerciales con políticas sensatas de exportaciones e importaciones. Otros han respondido con acciones humanitarias y han tratado de asegurar la efectividad y eficiencia de las cadenas de suministro de alimentos. Si bien estos esfuerzos han sido loables, no están en la escala deseada. Necesitamos reconstruir cadenas de suministro locales y regionales resilientes basadas en sistemas diversificados de alimentos locales y el manejo sostenible de los recursos naturales. Se requieren con urgencia acciones conjuntas para asegurar que los cultivos puedan ser cosechados y sembrados en los próximos meses y establecer sistemas eficientes de recolección y distribución de alimentos que puedan llevar productos alimenticios nutritivos a la población que padece de hambre, en especial las mujeres y los niños. Y en tanto son vitales las acciones de corto plazo para abordar la crisis, también debemos abordar las muchas implicaciones de largo plazo de la crisis para los sistemas alimentarios mundiales.

Lograr los ODS requerirá acciones en los frentes de la agricultura y la seguridad alimentaria, y estas acciones deben ser de carácter local, nacional, regional y mundial mediante un enfoque bien monitoreado y coordinado. Antes de que irrumpiera el COVID-19, muchos países se estaban quedando rezagados en el logro de los ODS. El COVID-19 pondrá en una desventaja aún mayor esos esfuerzos, y por tanto muchos países deben reconsiderar la mejor manera de proporcionar seguridad alimentaria y nutricional a sus poblaciones en caso de que se presenten disrupciones del lado de la oferta o la demanda en el largo plazo debido a la salud pública y sus efectos en la economía, manteniendo presentes los factores ambientales y climáticos. Desafortunadamente, la investigación en estos retos interconectados continúa en los silos del medio ambiente, la agricultura, la economía y la salud pública. Hoy por hoy, necesitamos una investigación más transdisciplinaria para desarrollar más resiliencia en nuestros sistemas agrícolas y de seguridad alimentaria en el mediano plazo.

El cambio climático y los riesgos de desastre que augura no han desaparecido, incluso si ha sido desplazado de los titulares en los medios por la crisis del COVID-19. En todo caso, el COVID-19 ha demostrado el profundo impacto que las actividades humanas tienen en nuestro medio ambiente. Las emisiones de gases de efecto invernadero están disminuyendo; la calidad del agua y el aire está mejorando; las aves y la vida silvestre están retornando a sus hábitats abandonados. Sin embargo, reconocemos que los costos económicos y sociales del abrupto bloqueo económico no son aceptables en el largo plazo, y no deja de ser una oportunidad para reenfatizar la importancia de conservar los recursos naturales, especialmente la agrobiodiversidad, de aumentar la captura de carbono, de mejorar la calidad del agua y la salud del suelo, la generación de energía renovable, la planificación científica ecorregional, el uso eficiente de agua y nutrientes, la divesificación, una mayor dependencia en los sistemas alimentarios basados en plantas disponibles a nivel local, etc. Todo esto exigiría un cambio de paradigma en las prioridades nacionales.

La Ciencia, la Tecnología y la Innovación (CTI) son esenciales para enfrentar el COVID-19 y otras amenazas y retos globales. La revolución en CTI y en la biología pueden ayudar a reimaginar los sistemas alimentarios y agrícolas para brindar seguridad alimentaria a la población de escasos recursos y para transformar el sector reduciendo sus huellas ambientales y climáticas. Se necesitan innovaciones disruptivas para aumentar la productividad y los ingresos mediante la agricultura de precisión y la distribución oportuna de insumos a los campos de los agricultores, a través de un enfoque de ‘Más a partir de Menos’. La investigación además debe contribuir aportando nuevas tecnologías a los mercados, incluyendo ideas pensadas desde perspectivas novedosas, como carnes provenientes de proteínas unicelulares hasta biocombustible proveniente de algas; desde piscicultura acelerada hasta la cría de ganado mejorado y proteínas de base vegetal. Estos marcos deben permitir una rápida movilización del ‘laboratorio a los campos’ y de ‘la puerta de la finca al plato del consumidor’.

La nutrición es importante para todos los seres humanos en todos los momentos de su vida. Para las mujeres, la salud es un derecho humano; su acceso a una buena nutrición es fundamental para asegurar una buena salud y apoyar el empoderamiento. Adicionalmente, familias enteras se benefician cuando el derecho de las mujeres a la salud se hace realidad; los niños de las mujeres bien alimentadas serán niños más saludables, y esos niños no sufrirán problemas de desarrollo y emaciación y se podrán convertir en jóvenes más activos, más saludables y productivos. Apoyar los sistemas agrícolas y alimentarios nutritivos asegura además la seguridad nutricional de los hogares. La respuesta de mediano y largo plazo frente al COVID-19 debe asegurar que se satisfagan las necesidades de todas las mujeres, hombres y niños, incluidos aquellos más marginados.

La disrupción en la oferta de insumos afectará la agricultura de manera adversa en los siguientes 6 a 24 meses. Se debe iniciar una acción urgente ahora para garantizar que mecanismos adecuados de crédito e insumos agrícolas (semillas, fertilizantes y pesticidas) estén a disposición cuando y donde se necesiten para fortalecer la capacidad de entrega de los agricultores. Los sistemas de transporte, almacenamiento y distribución se deben mejorar, incluso la capacidad para cambiar los sistemas de producción para atender las demandas en constante cambio.

La comunidad internacional debe ayudar a los países de menos recursos con acciones sobre el terreno. El Banco Mundial, la Organización para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa Mundial de Alimentos (PMA), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y los Bancos Regionales de Desarrollo han cumplido roles importantes – y continúan haciéndolo – en apoyar la agricultura y la seguridad alimentaria. Donantes bilaterales y organizaciones regionales como la Unión Europea (UE) y la Unión Africana (UA) también tienen un rol importante que cumplir. Juntos cuentan con presencia operativa en más de 130 países y pueden movilizar acciones para un mejor futuro. CGIAR puede mejorar el sistema mundial de investigación trabajando para conferir mayor resiliencia al sistema de Seguridad Alimentaria, y fortalecer las alianzas con los Sistemas Nacionales de Investigación Agrícola, el sector privado y las ONG.

La ONU celebrará la Cumbre de los Sistemas Alimentarios en 2021. Esta será una importante oportunidad para confeccionar un esfuerzo global bien organizado para abordar estos retos. Para asegurar que las mejores prácticas de unos pocos se conviertan en las prácticas estándar de muchos, y que se forjen alianzas reales para implementar acciones sobre el terreno entre todos los gobiernos y los bancos regionales, las agencias bilaterales, el sector privado, las ONG y las organizaciones internacionales para apoyar a los agricultores y consumidores en todos los países…

Finalmente, creemos con firmeza que actuando de manera colectiva por el bien común, motivados por nuestro reconocimiento de nuestra humanidad en común e impulsados por la empatía y la compasión hacia aquellos más débiles y de menos recursos entre nosotros, podemos ayudar a la sociedad humana a superar los retos multifacéticos que enfrentan el sistema agrícola y de seguridad alimentaria ocasionados por la pandemia, y poner a la sociedad en un rumbo de crecimiento y desarrollo equilibrado mucho más sólido y más sostenible. El tiempo de actuar es ahora.

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